Introducción a la Lengua Dástmea
¿Por qué y para qué crear una ideolengua?
Existen infinidad de motivos por los que crear un idioma, tantos como número de personas que llegan a adentrarse en esa eterna "aventura" de completar un idioma inteligente, útil, sin caer en la desesperación y en el desánimo, pero que por desgracia, en la mayoría de los casos, carece de razones que justifiquen ese gran trabajo que supone completar un idioma propio, y una dedicación de tantos años, sin la ayuda de una comunidad de personas que le dé vida día a día, que lo evolucione utilizándolo en la cotidianidad.
Pero en verdad, en el caso del Dastmen, no consiste en una apuesta personal, ni un desafío, ni tan siquiera un pasatiempos, sino en algo que surge como un juego de niños y comienza a desarrollarse de una forma increíble, casi automática, como si cada palabra de su amplio léxico ya hubiese existido anteriormente, y todas y cada una de ellas encajasen finalmente en ese gran rompecabezas.
Algunos pueden pensar que crear un idioma es sencillo, aunque laborioso, pero realmente es el equivalente a estudiar diez idiomas totalmente diferentes a la perfección. Memorizar palabras es más fácil que producirlas, derivarlas, adaptarlas y globalizarlas en conjunto... no sólo crear un idioma artificial, sino también su propia etimología. Elaborar reglas gramaticales que faciliten la expresión, el entendimiento, que abrevien las frases y eviten las fusiones malsonantes. Adaptar las sinonimias y antonimias, evitar la homonimia encadenada, y sobre todo, mantenerse a una cierta distancia de la lengua materna para poder perseverar la autenticidad de la ideolengua.
¿Para qué sirve una ideolengua?
Durante veintitrés largos años mantuve en el anonimato la existencia de mi idioma, hasta que me di cuenta que tanto esfuerzo valdría la pena exponer públicamente y divulgarlo, algo que ha sido posible gracias a la ayuda desinteresada de mis familiares, amigos y colaboradores. A fecha de hoy, varios años después de su publicación, en 2005, puedo tener el inmenso orgullo, y gratificante recompensa, de haber conocido a personas a través de mi propia ideolengua, que poseen amplios conocimientos de la misma, y a su vez la divulgan, haciendo cada día más grande nuestra comunidad.
Hoy por hoy, crear un idioma con el único propósito de utilizarlo como lengua auxiliar internacional, es totalmente una utopía, algo que quizás, hace tan sólo un siglo, cuando el mundo no estaba tan globalizado como en la actualidad, era posible o al menos considerable, como ocurrió con el Esperanto, entre otros. Existen miles de idiomas naturales -desgraciadamente, muchos de ellos van desapareciendo casi a diario- y ya disponemos de idiomas que en muchos países son considerados como auxiliares -es el caso del inglés, el español, el francés, el alemán...- La ideología de las lenguas auxiliares artificiales es bastante coherente, ya que se intenta compartir un mismo idioma entre todas las culturas, razas y naciones, sin que éste represente a una cultura o país en concreto, como ocurre con los idiomas naturales, pero en el siglo XXI lo que realmente importa es la comunicación global, cuanto más fácil y cómoda sea, mejor, y el inglés, a parte de pertenecer a países económicamente potenciales, gana ventaja en el proceso de expansión a otras lenguas más complejas como son el español o el alemán, y mucho más, a lenguas mayoritarias como son el chino, el hindi o el árabe.
Resumiendo: aprender un idioma artificial significa pertenecer a una comunidad, en algunos casos grandes, aunque la mayoría sean bastante reducidas, donde se comparte la afición a una lengua, a su aprendizaje y perfeccionamiento, a las costumbres que se establezcan entre los miembros. Existen infinidad de idiomas artificiales cotidianos... en la informática, en los móviles, videojuegos, entre amigos, familiares... el número de hablantes es lo que los distingue entre los idiomas considerados naturales, aquéllos que evolucionan día tras día, algo casi imposible en una comunidad excesivamente pequeña.
El Dastmen en cifras
La lengua dástmea consta en total con un léxico de 386.912 vocablos registrados.
Carece de conjugaciones verbales, excepto en el verbo trnu (ser o estar), que conjuga sólo el presente de indicativo. El Dastmen posee un derivado lingüístico, llamado Dasto, que posee dos declinaciones verbales -e y -u, sufijos que fueron mantenidos en los infinitivos de los verbos dástmeos, pero sin sus correspondientes conjugaciones.
El número y tiempos verbales se reflejan a través de los pronombres personales, que se fusionan entre ellos resultando un total de 68 pronombres personales propios. A estas fusiones pronominales se les acoplan los sufijos correspondientes a los distintos tiempos verbales (de indicativo: pretérito y futuro imperfectos y el presente de subjuntivo). A parte, posee partículas para formar el condicional, el pretérito perfecto -participio- y el gerundio.
El Dastmen posee su propio alfabeto, Dactmu Helsfuna, compuesto por 35 letras o signos (llamados grafos) y por otro lado, dispone de su transliteración adaptada al alfabeto latino, Dactmen VT, con un total de 30 letras, entre las cuales se han utilizado letras bálticas (ć, č, đ, š...) y nórdicas (å) para la perfecta adaptación de la fonética con sus correspondientes grafos.
Alfabeto Dactmen VT
A a - Å å - B b - C c - Ć ć - Č č - D d - Đ đ - E e - F f - G g - H h - I i - J j - K k
L l - M m - N n - O o - P p - R r - S s - Ś ś - Š š - T t - U u - V v - X x - Z z - Ž ž
Existen grafos, denominados consonántico-compuestos, que representan el sonido correspondiente a la unión de dos consonantes ( mm, kl, nn, kk y cz).